Me
piden que hable del verano, pero no sé por dónde empezar.
Podríamos
empezar por despedidas agridulces, y por decir que cuando se cierra una puerta,
Dios abre una ventana.
Podríamos
saltar por la ventana y tirarnos a la piscina, con todo puesto y sin mirar.
Hasta que abres los ojos y te sientes como en casa, porque por una vez, el
nómada se querría asentar. Pero el mundo sigue girando, y para que algunas
historias puedan salir bien, hay que ponerlas en stand by.
Sigue
el calor. Llega la playa. ¿Te conozco? Juraría que tú y yo nos hemos cruzado
antes. Y salir, bailar, navegar… Y volver a salir. Ponerse nerviosa sólo de
pensarlo, pero luego pasárselo como una enana. Y repetir. ¿Te he hablado de
bailar como si no hubiera un mañana? Es que tengo una amiga que no para de
preguntar por lo suyo y… bueno, que aquí cada loco con su tema.
Volver
a caer, una y otra vez, y no querer evitarlo. Porque es verano. Porque estoy
harta del qué dirán. Porque yo quiero y punto. Decid lo que queráis, que yo me
entiendo. Entiendo que hay mil formas de aprender, y a mí esto me aporta muchísimo
más de lo que pensáis.
Se
acaba el verano. Volvemos a casa, y ahí está. Tu toalla. Y lo que quiero en
realidad. Mi historia en stand by.
No hay comentarios:
Publicar un comentario