martes, 2 de septiembre de 2014

Mirando atrás.

Me piden que hable del verano, pero no sé por dónde empezar.

Podríamos empezar por despedidas agridulces, y por decir que cuando se cierra una puerta, Dios abre una ventana.

Podríamos saltar por la ventana y tirarnos a la piscina, con todo puesto y sin mirar. Hasta que abres los ojos y te sientes como en casa, porque por una vez, el nómada se querría asentar. Pero el mundo sigue girando, y para que algunas historias puedan salir bien, hay que ponerlas en stand by.

Sigue el calor. Llega la playa. ¿Te conozco? Juraría que tú y yo nos hemos cruzado antes. Y salir, bailar, navegar… Y volver a salir. Ponerse nerviosa sólo de pensarlo, pero luego pasárselo como una enana. Y repetir. ¿Te he hablado de bailar como si no hubiera un mañana? Es que tengo una amiga que no para de preguntar por lo suyo y… bueno, que aquí cada loco con su tema.

Volver a caer, una y otra vez, y no querer evitarlo. Porque es verano. Porque estoy harta del qué dirán. Porque yo quiero y punto. Decid lo que queráis, que yo me entiendo. Entiendo que hay mil formas de aprender, y a mí esto me aporta muchísimo más de lo que pensáis.

Se acaba el verano. Volvemos a casa, y ahí está. Tu toalla. Y lo que quiero en realidad. Mi historia en stand by.

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