miércoles, 24 de junio de 2020

Pánico

Cuatro meses hablando. Dos semanas en persona. Todo ha salido bien y sin embargo, hoy me he levantado en pánico.

 

Una presión en el pecho y sensación de que me falta el aire. Porque el aire que tenía que respirar estaba lleno de dudas, y de una voz que grita que no es él.

 

Me he dicho a mi misma que menuda tontería. Que es pronto para saber nada. Que si cuando estamos juntos estoy contenta, no hay motivos para agobiarse cuando no. ¡Que no te estás casando con nadie! Sin embargo, ahí sigue la voz que grita, y la personita que me agarra el pecho diciendo que huya.

 

Hoy no va a ser un día fácil. Esa voz se va a infiltrar en mi trabajo para decirme que todo va a salir mal. A eso estoy más acostumbrada. Pero me queda una pregunta: ¿Por qué me dice que huya? ¿Y de qué?

miércoles, 3 de junio de 2020

El tiempo dirá

Me regañan mis amigas por no escribir sobre mi vida diaria. Por lo visto la turra que les doy en el grupo de Whatsapp día sí, día también no es suficiente, así que hago como el Hola! y en miércoles hago una crónica rosa (y no tan rosa) de la semana.

Ha sido una semana con una montaña rusa de emociones. Empezó con la pérdida de alguien a quien he querido con todo mi corazón y a quien no siempre valoré como se merecía. He reconectado con una persona con quien llevaba los mismos años teniendo una relación distante. Espero que sea el primer paso de muchos para mejorar una situación complicada. El tiempo dirá.

La situación política es casi tan difícil como las incoherencias que tengo en la cabeza. Sigo las noticias internacionales alucinada con la situación. Intento escuchar y aprender de algo que nos suena tan lejano como el final del océano que nos separa. Especial mención al vídeo de padres afroamericanos que hablan con sus hijos sobre pasos a seguir si les para la policía. Qué suerte he tenido en la vida. 

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También me deja boquiabierta la falta de transparencia por parte del Gobierno (¿cómo puede ser que las CC.AA. comuniquen muertos mientras el Gobierno Central publica cero fallecidos?), pero tampoco estamos en este otro país como para tirar cohetes. Solo espero poder ver a mi familia pronto, que los viajes internacionales están un poco… en el aire. (¿Sigo escribiendo, amigaquemedijoqueretomaseesto? ¿Sigo? Te la juegas a este nivel de bromas.)

Y hablando de viajes internacionales… Novionúmero8 vuelve de su país. Quiso darme una sorpresa y llegar hoy sin avisar, pero le ha salido todo mal y al final llega el viernes por la noche. Esto empieza a ser un poco más tangible que cuando empezamos a hablar hace tres meses y no nos hacíamos caso el uno al otro más que una o dos horas a la semana para tomar una cerveza y cambiar de aires, aunque fuese online. Me ha dejado muchas cosas muy claras: que tiene más paciencia que un santo, pero a lo que viene es a ver qué hacemos cuando no nos separa una pantalla. Que viene sin exigir compromisos, pero viene en serio. Que se toma muy en serio los planes de pelis Disney. Al final le vamos a tener que dejar de llamar Novionúmero8 y todo. Reconozco que me apetece verle casi tanto como el miedo que me da volver a paralizarme. A ver qué pasa el viernes.

Esto ha abierto varios debates peliagudos (paradme por favor, voy cuesta abajo y sin frenos) en mi grupo de amigas. Necesito una sesión de belleza como la que le hicieron a Miss Agente Especial y está todo cerrado. Que mis cejas de Groucho ya son seña de identidad es innegable, pero todo tiene un límite y empiezan a taparme la vista. Mi opinión al respecto es más por vaga que por reivindicativa, no lo niego. Igual que tampoco niego ser más cobarde que vaga.

En fin, esta cobarde en concreto cierra el chiringuito por hoy. Que aunque los nervios del viernes nos distraigan del trabajo, me van a pedir resultados de todas formas.

¡Feliz miércoles!


jueves, 21 de mayo de 2020

Sobre dormir, insomnio y un corazón que no está roto pero que duele igual.

Me quiero acurrucar, hacerme bola y despertarme cuando todo esto haya pasado. Estoy agotada, con esa sensación que te queda en el cuerpo cuando has estado llorando y justo antes de quedarte dormido. Pero no estoy dormida. Normalmente, cuando lloro duermo como un bebé pero esta vez no ha sido el caso. He dado más vueltas en la cama que una peonza. Cuando alguien me decepciona, me duele la tripa y eso no ayuda.

Sé que tú tampoco has dormido esta noche. Le has echado la culpa al café, y me pregunto si será verdad o si a ti también te duele la tripa. Lo que pasa en las cabezas ajenas es un misterio para mí y la tuya no es excepcionalmente fácil de entender.

Te quiero preguntar mil cosas, pero bastante he dicho ya. Para una vez que soy sincera y no me sale mal, probablemente sea mejor dejarlo estar.

Qué sueño, joder.

Será verdad lo que dice la leyenda? Que si no puedes dormir pensando en una persona, es porque ella tampoco puede dormir pensando en ti? Si es así, ya te vale. Esto ha sido decisión tuya, lo mínimo es que me dejes dormir.

Dormir, qué lujo tan inalcanzable ahora mismo.

Creo que dormir contigo será una de las cosas que más eche de menos. Fíjate qué tontería, pero en esta ciudad tan llena de gente donde todo el mundo está tan lejos, eres el mejor consuelo para la peor soledad. Como un abrazo largo y fuerte cuando nadie más te entiende.

Voy a intentar dormir, aunque sea en esta oficina improvisada. Si cierro los ojos un rato, quizá me olvide de todo y me quede dormida. Intenta no pensar en mí. Necesito descansar.

domingo, 12 de abril de 2020

Hoy de repente la oscuridad.

Ayer cuando nos levantamos era el día perfecto. Hacía sol y calorcito. Uno de esos días que anticipan el verano sin llegar a serlo, de los que abren el apetito y te dejan con ganas de muchísimos más. Después de semanas esperando, discutiendo y dándole vueltas, ayer nos lanzamos. Para mí, pasear con música, sol y buen humor es prácticamente la descripción de un mundo perfecto. Anduve así, un paso tras otro durante un par de horas hasta llegar a mi destino. Al punto intermedio donde por fin nos íbamos a juntar.

¿Alguna vez te has imaginado conocer al protagonista de la novela que estás leyendo? Tú eres eso para mí. No terminas de estar en el mundo real, pero siempre está presente. Tenemos las mismas manías, muchas de ellas tan estúpidas y concretas que parece que alguien hizo una lista antes de escribir una comedia romántica. Somos polos opuestos en otras, permitiéndonos abrir ventanas a conocer puntos de vista que jamás nos habríamos planteado. Cuando te vi, me ocurrió un poco eso: me puse nerviosa, saludé tímidamente y te seguí un poco sin saber muy bien qué decir. Paseamos, hablamos, comimos. También nos abrazamos, besamos e intentamos descubrir qué había pasado durante todo este tiempo en que nos habíamos estado conociendo. Durante unas horas, estuvimos más cerca de lo que habíamos estado durante meses. Teníamos a nuestro alcance todo lo que habíamos querido y sin embargo... faltaba algo. 

Tú lo achacaste a los nervios, yo a que la distopia que estamos viviendo no nos permite portarnos de forma normal. Sin embargo, si teníamos razón, ¿por qué me sentía como si estuviera viviendo una mentira? De repente, parecía que todo eso que había sentido durante meses empezaba a no estar tan claro. El día se empezó a nublar, yo empecé a agobiarme, y tú a perder la paciencia, aunque ninguno de los dos perdimos la sonrisa. Hablamos al llegar a casa y por primera vez, sentí pena. Algo en mi interior me dijo que esto empezaba a terminar, y no tengo pruebas ni razones, pero sentí como si se me hubiera clavado algo dentro que no me deja de molestar.

Me llamaste al despertarte y fue el mejor de los analgésicos. Había estado todo en mi cabeza, quizá seguía todo igual. Sin embargo, te conté que había tenido una pesadilla y no me preguntaste qué había pasado. Tampoco tenías ganas de contarme qué tal avanzaba tu mañana, ni si el libro que estabas leyendo estaba cumpliendo tus expectativas. Hablaste con tu familia, que son lo que más quieres en el mundo y tu fuente inagotable de historias, y también pasaste por el tema como quien cuenta que hoy va a llover. Por primera vez al hablar de futuro, cambiaste de tema.

Racionalmente siempre lo supe. El puente que queríamos construir era imposible de cruzar. Quizá todas las historias que imaginamos juntos solo puedan funcionar en un mundo paralelo. Puede que se haya pinchado nuestra historia de amor envasada al vacío. La diferencia es que hoy todo se ha apagado un poquito, y hoy por primera vez desde que te conozco, quiero llorar.

martes, 31 de marzo de 2020

El eterno misterio del universo envasado al vacío

Dices que somos perfectos el uno para el otro. Que pienso demasiado y me cierro puertas por miedo. Me intentas convencer y casi lo consigues, de que podríamos encontrar la felicidad. Te cito, porque te retratas cuando hablas, que la solución a los grandes misterios de la vida es encontrar a alguien que te llene y te haga feliz.

Yo ya te he dicho lo que pienso. Me voy a Filipinas a huir de todo y de todos. A escribir, tejer y explorar. No voy a volver a saber nada de nadie, y no me voy a volver a preocupar. Huir siempre se me dio bien. Engañarme, también.

Las circunstancias me han envasado al vacío, y así no sé operar. En mi mundo sin aire, mi corazón y mi cabeza siguen trabajando como si nada hubiese cambiado. Los engranajes giran y trabajan como si el mundo exterior siguiese vivo conmigo. Como si el mundo no se hubiese parado durante un minuto eterno antes de tirarnos por un precipicio.

Funcionamos. Somos polos opuestos en todo lo que importa e iguales en los defectos. Eres todo lo que me aterra de la vida, lo que siempre he tenido claro que no quiero. A pesar de ello, vuelvo, y vuelvo, y vuelvo. Porque encajamos. Porque cuando me subo a una montaña rusa me agarras desde fuera para que no me caiga.

Me asfixio. Es culpa del plástico del envase. Veo el mundo exterior sin poder tocarlo, y no me llega el aire al pulmón. Las leyes de la física no funcionan aquí. La gravedad es distinta, y a eso le sigue la felicidad. La que me has prometido si dejo de pensar. La que resuelve hasta el misterio del universo al vacío.

Así que me voy a Filipinas. Sin ti, sin él y sin nadie. Porque si tengo que estar aislada en una bolsa, no quiero que me la puedan pinchar.

viernes, 27 de marzo de 2020

Encerrada en el baúl de las emociones.

Hay gente a la que no le cuesta nada. 

En cambio a mí, tomar decisiones con la cabeza es algo que me cuesta más que levantar un coche a pulso con mis propias manos. Para bien o para mal (normalmente mal) actúo primero y pienso después. Es lo que me ha llevado a las historias más divertida de mi vida. Mis amigas se ríen de mí. Lo llaman "Claradas". Fue durante años motivo de risa en mi grupo de amigas. Es lo que siempre me ha definido. También es lo que me ha roto el corazón una y otra vez.

Todos sabemos que la última vez no me tropecé. Me estrellé contra un muro a cien por hora y no supe gestionar las consecuencias de mis actos. En vez de aprender a gestionar mis emociones, las hice chiquititas y decidí no volver a usarlas nunca más. Total, eso siempre sale bien.

Ha hecho falta una pandemia y que me encierren en mi casa para que me ponga a pensar. Bueno, eso y que alguien me ponga entre la espada y la pared para que tome una decisión. Dicen que no se consiguen resultados distintos si pruebas lo mismo una y otra vez, y yo hoy por primera vez he usado la cabeza. Lo otro, lo que conozco, el instinto solo chilla. Nada coherente: que me quede y disfrute, que huya y no mire atrás, que en realidad todo da igual porque nos vamos a estrellar de todas formas, que todo siempre acaba mal. 

Hoy he tomado una decisión. Ahora toca sentarse y esperar.