martes, 31 de marzo de 2020

El eterno misterio del universo envasado al vacío

Dices que somos perfectos el uno para el otro. Que pienso demasiado y me cierro puertas por miedo. Me intentas convencer y casi lo consigues, de que podríamos encontrar la felicidad. Te cito, porque te retratas cuando hablas, que la solución a los grandes misterios de la vida es encontrar a alguien que te llene y te haga feliz.

Yo ya te he dicho lo que pienso. Me voy a Filipinas a huir de todo y de todos. A escribir, tejer y explorar. No voy a volver a saber nada de nadie, y no me voy a volver a preocupar. Huir siempre se me dio bien. Engañarme, también.

Las circunstancias me han envasado al vacío, y así no sé operar. En mi mundo sin aire, mi corazón y mi cabeza siguen trabajando como si nada hubiese cambiado. Los engranajes giran y trabajan como si el mundo exterior siguiese vivo conmigo. Como si el mundo no se hubiese parado durante un minuto eterno antes de tirarnos por un precipicio.

Funcionamos. Somos polos opuestos en todo lo que importa e iguales en los defectos. Eres todo lo que me aterra de la vida, lo que siempre he tenido claro que no quiero. A pesar de ello, vuelvo, y vuelvo, y vuelvo. Porque encajamos. Porque cuando me subo a una montaña rusa me agarras desde fuera para que no me caiga.

Me asfixio. Es culpa del plástico del envase. Veo el mundo exterior sin poder tocarlo, y no me llega el aire al pulmón. Las leyes de la física no funcionan aquí. La gravedad es distinta, y a eso le sigue la felicidad. La que me has prometido si dejo de pensar. La que resuelve hasta el misterio del universo al vacío.

Así que me voy a Filipinas. Sin ti, sin él y sin nadie. Porque si tengo que estar aislada en una bolsa, no quiero que me la puedan pinchar.

viernes, 27 de marzo de 2020

Encerrada en el baúl de las emociones.

Hay gente a la que no le cuesta nada. 

En cambio a mí, tomar decisiones con la cabeza es algo que me cuesta más que levantar un coche a pulso con mis propias manos. Para bien o para mal (normalmente mal) actúo primero y pienso después. Es lo que me ha llevado a las historias más divertida de mi vida. Mis amigas se ríen de mí. Lo llaman "Claradas". Fue durante años motivo de risa en mi grupo de amigas. Es lo que siempre me ha definido. También es lo que me ha roto el corazón una y otra vez.

Todos sabemos que la última vez no me tropecé. Me estrellé contra un muro a cien por hora y no supe gestionar las consecuencias de mis actos. En vez de aprender a gestionar mis emociones, las hice chiquititas y decidí no volver a usarlas nunca más. Total, eso siempre sale bien.

Ha hecho falta una pandemia y que me encierren en mi casa para que me ponga a pensar. Bueno, eso y que alguien me ponga entre la espada y la pared para que tome una decisión. Dicen que no se consiguen resultados distintos si pruebas lo mismo una y otra vez, y yo hoy por primera vez he usado la cabeza. Lo otro, lo que conozco, el instinto solo chilla. Nada coherente: que me quede y disfrute, que huya y no mire atrás, que en realidad todo da igual porque nos vamos a estrellar de todas formas, que todo siempre acaba mal. 

Hoy he tomado una decisión. Ahora toca sentarse y esperar.