sábado, 18 de octubre de 2014

El rey de las excusas

Me gustas. Me encantas. Pero no. Así no.

Sé que te gusto, pero siempre pasa algo. Nos encontramos de casualidad, tienes mil gestos hacia mí que no les das a las demás, me buscas, me cuidas, y me prometes la luna.

Con esa promesa yo me vuelvo a casa y duermo feliz, con una sonrisa de las que solo se ve en los niños pequeños pequeños. Esa sonrisa es colorear con pastel, al principio de un color intenso y precioso, y se difumina según avanzas. Porque pasan los días, y nunca llegas con la luna.

Pero tienes el don de la oportunidad, y el mismo día que termino de perder la esperanza, nos volvemos a encontrar. Siempre con esa sonrisa y ese beso que yo sé que no les dedicas a las demás. Como un buen caballero, siempre hay un buen  motivo para que no me hayas traído  la luna, porque un señor como tú nunca me dejaría en la estacada. A mí no. Regresa la sonrisa y con ella...

¿Conoces el cuento de nunca acabar?
No pregunto si sí o si no, pregunto si conoces el cuento de nunca acabar.

Y así, día tras día, semana tras semana. La sonrisa siempre aparece, sin importar las circunstancias en que nos veamos, pero empieza a haber algo más. Quizá sea la consciencia de que esto ya lo he vivido y que no va a terminar. Que te gusto lo suficiente como para que nunca me quieras dejar ir, pero por lo visto no lo suficiente para reaccionar.

Siempre consigues que me tiemblen las piernas y me ponga roja. A tu alrededor parezco un puñetero personaje de cómic, pero incluso los dibujos podemos ver atisbos de realidad, y empiezo a pensar que ya no aguanto más.

Que me gustas. Me encantas. Pero no. Así no.

Y nos vamos a volver a cruzar, y me voy a volver a casa igual e feliz, pero a estas alturas ya sé lo que hay, y son excusas, y mientras te las creas no será el momento. Porque sí, esas excusas no solo solo son par mí, tú también te las crees, y las necesitas tanto como yo.

Me vas a traer la luna. Sé que lo vas a hacer. Solo espero que cuando lo hagas, yo siga queriendo estar.

lunes, 6 de octubre de 2014

Procrastination.

"The work you do while you procrastinate is probably the work you should be doing for the rest of your life"
- Jessica Hische

No me importaría. No estaría mal vivir para siempre en un mundo donde todo es posible. Donde la princesa se aburre, y juega al escondite con el dragón entre siesta y siesta. Donde de un empujón puedes meter a la bruja malvada en el horno. Y oye! Me he hecho amiga de mi dragón, así que me voy a dar la vuelta al mundo sin pagar billete a Iberia. Y mi dragón (hay que buscarle un nombre a este dragón) le chamusca las cejas a un niño pecoso del que no se fía, pero que solo ha venido a hacer travesuras. En este mundo, si una niña pequeña disfraza un dragón para pasear por Pekín, nadie se da cuenta de lo que pas. Al fin y al cabo, los mayores nunca saben lo que pasa en sus narices. 

Volver algún día a cas y encontrarte al travieso pecoso. Que no paraba por ahí, sino que quería oír su risa, aunque para ello se pueda chamuscar intentando convencer al dragón.