Lo intento una y otra vez, pero no es fácil. Recuerdo como contaba con pelos y señales todos los detalles de una noche, y recuerdo que a veces incluso conseguía hacerlo con gracia. Ahora ya solo miro una pantalla vacía que ha dejado de llenarse sola. Siento más, pero no sé explicar qué. Algo que no cabe en el pecho cuando es bueno, pero ahoga cuando es malo.
En cambio, hay detalles que se me graban en la retina. Un deportista diciéndome que no me iba a soltar si no le daba un número de teléfono. Un payaso que me persiguió para salir a desayunar. Un genio que me miraba bailar descalza en el polo como si hubiese descubierto la pólvora. Y el último. El que conducía con una mano porque la otra la necesitaba para sujetar la mía. El que me metía en su abrigo y me abrazaba fuerte para que el frío no tuviese por donde atacar.
Y más
“Porque todavía no lo sabes, Clara. Pero tú y yo nos vamos a casar”