Hay momentos de debilidad. Todos los tenemos. Te tiemblan las piernas y ves fantasmas en todas las esquinas. No tienes fuerzas para hacer nada que se pudiera tildar, aunque sea remotamente, de necesario u obligatorio. Metes la pata, y no una o dos veces, empieza a ser algo continuo. ¿Me estaré volviendo loca? ¿Qué puñetas me pasa? ¡No tengo ningún motivo para portarme así con la gente! Yo no soy así. Yo no quiero ser así. Me empieza a faltar tanto aire como ánimo, y ya no veo las cosas a color: todo es gris, más o menos como el tiempo que hace hoy. No tengo claro ni cómo me llamo, mucho menos algo que implique una decisión. Claramente estoy loca, y ya te he decepcionado incluso a ti.
Aunque quizá el verdadero problema no sea ese, sino lo que dicen. Que incluso en la locura hay algo de razón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario