Ana me conoce muy bien, y por eso sabe que no sé guardar un secreto. Por eso sabe que escribo aquí, y por eso me lee a menudo.
También sabe que sólo me atrae la gente que me va a hacer daño. Es algo que hemos hablado ya varias veces. Llámalo radar, llámalo miedo al compromiso, amor por los capullos o trauma de la infancia.
En cambio, no sabe que tengo poderes curativos. Atraigo a gente a la que le han hecho daño, y gente que lo ha pasado mal. Hablar, salir, divertirse... muchas veces una sonrisa permanente cura el peor mal interior.
Lo que sí sabe, en cambio, o lo que por lo menos sospecha, es que por cada curación, por cada persona que vuelve a casa con mi sonrisa, esa noche, la que vuelve a casa estando malita soy yo.
Mi problema, lo que yo no sé, ni sé dónde aprender, es a curarme yo.
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